Sarna y flores de Bach

Un breve ejemplo de una alternativa natural para animales con órganos dañados con los que es inviable llevar una medicación tradicional a cabo.

La perrita de la fotografía de abajo se llama Loba, es una labradora y hace poco tuvo una incómoda sarna que la tenía todo el día con picores, agobiada e irritada. Empezamos a ver que tenía zonas con poco pelo, con algunas erupciones e irritación, iba de camino a gato egipcio, pero por suerte, lo remediamos a tiempo. La llevamos a nuestro veterinario y nos comentó que Loba tenía sarna, el problema era que el tratamiento adecuado era ivermectina inyectable, PERO al tener leishmania, por suerte, controlada con antelación gracias al milteforan, pues tendría tocados el hígado y riñón, y el chute de ivermectina probablemente los "metiera una paliza brutal". Nuestro veterinario nos aconsejó que de momento le hicieramos friegas con betadine puro en las zonas afectadas para ver si respondía bien y pudiéramos así evitar la ivermectina, pero no funcionó ya que rápidamente la sarna se extendió y no sólo le cubría el pecho, ya era, lomo, hombros, espalda... y para poder darle con betadine prácticamente la tendríamos que haber metido en una bañera llena de él, así que lo descarté y decidí tratarla con las las flores de Bach. Empecé a estudiar su caso para diagnosticar como yo digo "las emociones clave" y así poder elegir las esencias adecuadas. Algunos ejemplos de las esencias son:
Para empezar Loba es una perra un tanto ansiosa, en muchos sentidos. Se estresa con facilidad y mucho más con el calor, es muy celosa lo cual al vivir cerca de perras la mantiene en un permanente estado de estrés. Decidí usar esencias para el estrés y las desesperación. Es muy sensible y usé Holly (acebo) para ello. Usé Sweet chestnut (castaño dulce) y Hornbeam (hojarazo) para su leishmania, la cual es una enfermedad bastante debilitante en determinadas condiciones, y lo vi crucial para combatir la sarna y reforzarle el sistema inmune. Entre otras esencias, estas son algunas de ellas y sus estados emocionales.

Tras elegir unas cuántas y hacer el preparado comencé a dárselo, estuvo con él unas tres semanas, hasta que terminamos el frasco, y prácticamente a la segunda por fin empezaron a verse las mejorías. Apenas la veíamos rascarse y las erupciones desaparecieron. A la tercera semana empezó a salirle pelo por todo el cuerpo. El tratamiento floral también la ayudó con la muda, haciéndola mudar mucho más rápido y fácil que otros años, clareando y reforzando el nuevo pelo.

En cuanto a la sarna no hay ni rastro. Hemos ; evitado administrarle un medicamento que sin duda habría agravado su salud o que quizás ni siquiera hubieramos podido administrarle, conseguido una desparasitación y un refuerzo del sistema inmune totalmente natural, ayudar a la muda, a la eliminación del estrés y la ansiedad.

Ahora Lobita se encuentra bien y más tranquila.

Este es un ejemplo más del uso y resultado del tratamiento floral.